Hay un nombre que existe solo en el silencio que nunca rompimos. Hay palabras que nunca nacieron porque el miedo las enterró antes del primer latido, y ahora duermen bajo mi lengua como semillas que eligieron no germinar. ¿Qué nombre tiene aquello que pudo ser dicho y se quedó en la sombra, esperando en el pecho como un animal domesticado que jamás aprendió a llamarse? No es olvido lo que guardo: es custodiar. Cada silencio mío es un árbol que crece hacia adentro, sus ramas llenan mi pecho de bosques que nadie verá, y en esa oscuridad sin testigos, finalmente soy completo.